Durante muchos años los zapatos me supusieron sufrimiento: no me resultaban cómodos, se me hacían llagas en los dedos y los talones, los pies se me hinchaban al llevarlos comprimidos durante horas… incluso una vez por llevar tacones en una boda me hice un esguince metatarsiano por la mala postura con que castigué a mis pies durante horas.
Y aún así, durante tres décadas compré zapatos basados en la estética; intentando lograr un mínimo de comodidad, sí, pero con lo decorativo como valor principal.
Al estudiar la carrera de quiropráctica descubrí el impacto que tiene nuestra pisada (nuestro modo de andar) en todo nuestro cuerpo, principalmente en nuestra columna vertebral y, en consecuencia, en nuestro sistema nervioso, hormonal, en nuestras emociones, etc.
Como siempre me ha gustado ir descalza (sentir los pies en contacto con el suelo me enraíza y a la vez me proporciona sensación de libertad) la justificación “contrastada científicamente” de que los zapatos actuales afectan negativamente a nuestra salud fue la excusa que estaba buscando para dejar de usarlos.
En la primavera del 2020 empecé a usar zapatos barefoot que imitan el caminar descalzo (suelas finas, sin soporte para puente, con puntera ancha que respeta la forma anatómica del pie…): primero fueron unas zapatillas, luego sandalias en verano, botas forradas en invierno…
Pues no fue hasta julio del 2022, cuando llevaba más de dos años de sin usar zapatos que no fueran descalzos, cuando me deshice de todos mis antiguos zapatos. Hubo motivos muy diversos, por los que decidí hacerlo en el momento en que lo hice y no antes. Y lo mismo sucede con todos los cambios que decidimos realizar. Por más que nos digan, uno no se levanta un día y, sin más, cambia todo aquello que no le funciona. O sí, tal vez eso le suceda a unas pocas personas, y tal vez conozcas a alguna de ellas.
Pero la verdad es que en la mayoría de los casos, entre el momento en que descubres que algo no te funciona (no te conviene o simplemente ya no lo deseas) y el momento en que llevas a cabo el cambio que ese descubrimiento conlleva, pasa un intervalo indeterminado. No sirve de nada intentar acelerar ese momento, no aporta nada forzarte o culpabilizarte porque ese tiempo es distinto al que parece socialmente aceptable.
Respetar tus tiempos propios, personales, es una de las claves de una vida y una salud naturales.
24 de julio de 2022
Y te lo digo, esto no me lo he inventado.
En las redes sociales hay mucha mentira y a menudo nos preguntamos si lo que estamos leyendo es real o sólo un cuento para vendernos algo.
Para mí la honestidad es imprescindible, y los únicos cuentos que te voy a contar son los que te aporten la posibilidad de reflexionar o sentir la salud de una manera distinta.
Y para demostrártelo, aquí tienes una foto que le mandé a mi tía el día que estaba preparando la bolsa con todos mis zapatos para donarlos.
