
Las estaciones inciden en las personas en el ámbito físico, químico, mental y emocional. Nuestro cuerpo está hecho para interactuar y adaptarse al entorno y los cambios que se producen en la naturaleza nos afectan de manera directa.
El otoño es una estación de transición entre extremos. Venimos del calor veraniego y nos preparamos para el frío del invierno. Disminuyen las horas y la intensidad de la luz solar, aumenta la humedad, tenemos cambios repentinos de temperatura (o al menos así “debería” ser). Es un momento de renovación y cambio, de descomposición y limpieza, óptimo para deshacernos de todo aquello que ya no necesitamos.
A pesar de que es un buen momento para hacer procesos de detoxificación, y que puede ser ideal para reforzar nuestro sistema, siempre conviene hacerlo bajo consejo y supervisión de un profesional. Hay que tener cuidado con la auto-medicación, incluso si es con productos naturales. Las plantas, los suplementos y las vitaminas no dejan de ser productos que modifican el funcionamiento de nuestro sistema y tenemos que estar seguros de necesitarlos antes de consumirlos.
¿Cómo podemos, entonces, disfrutar y aprovechar esta época para reforzar nuestra salud? La mejor manera es potenciando su funcionamiento natural.
Sé consciente de los cambios de horarios y de horas de luz
Adapta tus horarios para aprovechar al máximo la luz natural. Nuestros ritmos biológicos estan programados con la luz natural; las luces artificiales los alteran y pueden provocar transtornos del sueño, cansancio e irritabilidad.
Come de temporada
La naturaleza es sabia y produce los alimentos que aportan los nutrientes necesarios en cada época. Hoy en día podemos encontrar todo tipo de productos todo el año, pero es fácil hacerse una lista con los productos de temporada y priorizarlos en nuestras comidas.
Alarga las cocciones
El calor que aportan los alimentos depende de su naturaleza térmica (según la temporada en que se cultiva) pero también del tipo de preparación. Cuanto más larga sea la cocción más calor aportará al sistema digestivo. Los caldos, sopas, cremas, cocina al vapor, guisos al horno y estofados son técnicas culinarias adecuadas para el otoño.
Bebe infusiones
Los alimentos otoñales acostumbran a ser más calóricos y las comidas más pesados que los que tomamos en verano. Las infusiones, a parte de aportarnos calor, ayudan a tener una buena digestión.
No olvides el agua
A pesar de que la bajada de temperaturas implica que a menudo tenemos menos sed, no debemos olvidar la hidratación. Nuestro cuerpo está compuesto mayoritariamente de agua, eso es así todo el año y por eso todo el año necesitamos hidratarlo. Incluso si consumes otros líquidos (infusiones, sopas…) estos no deben substituir sino complementar nuestra ingesta de agua.
Mantén el contacto con la naturaleza
Durante el verano es fácil ir a la playa, a la montaña, al bosque o al campo. Esta conexión con la naturaleza nutre nuestro sistema a través de los sentidos: el aire puro, los sonidos naturales, el tacto de las materias orgánicas… A pesar de no tener tanto tiempo libre, no dejes de incluir momentos en tu agenda para mantener esta conexión durante los meses de menos calor.
Haz ejercicio al aire libre
Pasea o sal en bicicleta. Te permitirá adaptarte gradualmente al cambio de temperatura. Además, el ejercicio provoca secreción de endorfinas, que nos generan sensación de bienestar y nos ayudan a combatir la posible apatía o astenia que podemos padecer en las temporadas de entretiempo.
Destina tiempo a actividades que te nutran
Esto, evidentemente, es válido todo el año, pero particularmente cuando la climatología te dificulte salir al exterior… Aprovecha las horas en el interior: lee, practica tus pasatiempos favoritos y actividades creativas, así te enriqueces mental y emocionalmente.
Toma baños de sol siempre que puedas
Expon tu piel al sol un poco cada dia. El sol es bueno para los huesos y para el sistema immunitario. Y con la disminución de la intensidad de les horas de sol, ¡la sensación es muy agradable!
Atrévete con la terapia de frío
Se ha puesto de moda últimamente, pero hace décadas que está demostrado que exponerse al frío de manera controlada activa el sistema hormonal. Puedes empezar acabando las duchas con agua bien fría: para empezar, remójate el cuerpo durante un par de minutos evitando mojarte la cabeza directamente.
Y por supuesto, a parte o además de todo esto: VEN AL QUIROPRÁCTICO para ajustar tu flexibilidad y capacidad de adaptación en este cambio de temporada.
¿Qué te parecen éstas ideas? ¿Aplicas ya alguna o has descubierto alguna que quieras incorporar? Piénsalo, siéntelo, y si quieres ayuda para algún cambio de hábitos, RESERVA LA TEVA CITA
*Estas recomendaciones son generales y seguras para cualquiera, pero es importante recordar que cada persona es diferente y es vital conocer las condiciones, las rutinas y los desequilibrios de cada uno con tal de poder adaptar les soluciones de manera personalizada.